lunes, 29 de octubre de 2012

El apetito, el lenguaje, el sueño... a los 3 años

Leído en Bebesymás

Los altibajos en el apetito son normales en los niños en etapa preescolar. Lo mismo una semana comen mucho y a la siguiente muy poco. Respeta sus ritmos.
La importancia de la alimentación en esta etapa es el aspecto social a la hora de comer. Es el momento de enseñar el buen comportamiento en la mesa y los buenos modales, aunque sin agobios.
El niño debe comer en las mismas condiciones que el resto de la familia, compartiendo la mesa con los adultos. Con mucha paciencia tenemos que enseñarles a usar los cubiertos correctamente, colocarse la servilleta, esperar a los demás antes de empezar a comer y demás normas que tengáis en casa.

Es probable que a los tres años empiece a comer en la escuela. Al comer lo mismo y compartir la mesa con otros niños irá adquiriendo mayor autonomía.
Es importante transmitirle que el comer es un placer, y en esto los padres somos los responsables de predicar con el ejemplo. 
También lo somos para enseñarles que para mantener unos hábitos de vida saludables es igual de recomendable llevar una alimentación variada como la práctica de ejercicio físico (para ellos a través del juego). 
Crecimiento del niño de tres años 
En el período preescolar el ritmo de crecimiento decrece. En el tercer año el niño podrá aumentar alredeor de 2,5 kilos y 9 cm de alto, pero como sabéis las cifras son muy relativas. Lo importante es que el aumento de peso y de estatura vayan acompasados.
Ya no es necesario medir al niño con tanta frecuencia, pero sí se recomienda hacerlo cada seis meses para ir controlando su crecimiento. Si la altura no aumentara durante seis meses, se vuelve a controlar a los tres meses pues podría ser un signo de la falta de una hormona vital para el crecimiento. 
Para estimar cuánto medirá el niño de adulto se realiza un cálculo matemático. La talla estimada o “talla diana” = talla del padre + talla de la madre dividido 2 (+ 6,5 si es niño /- 6,5 si es niña). 
El sueño en los niños de tres años
A los tres años la cosa está dividida. Hay niños que pueden irse a la cama sin plantear ningún problema y dormir toda la noche de un tirón, o bien niños que dan guerra a la hora de acostarse y que se despiertan durante la noche. Lo más frecuente es que se alternen las dos situaciones. 
Hay niños que todavía duermen en la cama con sus padres, pero para los que no lo hacen su cama y su habitación debe ser un sitio agradable para dormir, con un aluz de noche, cuentos a mano, música y juguetes especiales para la cama.
Hay niños que todavía utilizan pañal por la noche, pero si ya no lo hace debemos facilitarle (dejar la luz encendida, quitar obstáculos del camino) que vaya al cuarto de baño o que nos despierte cuando lo necesite. Si ya he dejado el pañal de la noche o está en proceso, seguramente habrá algunas noches que todavía moje la cama. Hasta los 6 años todos los niños se hacen pis en la cama ocasionalmente.
Aunque el niño se vaya a la cama solo, necesita que antes de dormirse mamá o papá le lean un cuento, jueguen o simplemente conversen con él. Evita que vean escenas violentas en la televisión antes de acostarse.
Es muy normal que a los tres años los niños tengan problemas nocturnos como los pensamientos de miedo, las pesadillas y, menos frecuentes, los terrores nocturnos. Si acudimos a confortarlo en sus despertares se sentirá tranquilo para volverse a dormir.
Ya no necesitan tantas horas de sueño, con lo que es muy probable que entre los 3 y los 4 años el niño deje de dormir la siesta. Lo hará cuando necesite reponer fuerzas, pero no debemos forzarle a dormirla si no tiene sueño. Por la noche recuperará el descanso que necesita.
Desarrollo del niño de tres años
Durante la etapa preescolar el niño es cada vez más consciente de su individualidad, con todo lo que ello conlleva. Por un lado, intentará y conseguirá hacer cada vez más cosas por sí mismo, pero por el otro se producirán rabietas y frustraciones al ver que no puede hacer todo por sí mismo.
Poco a poco aprende a cuidar de sí mismo, a vestirse, a realizar elecciones, a cumplir normas y a seguir rutinas. Ya no busca la aprobación del adulto, pero recurre a él si siente necesidad. Sus emociones son extremas, pueden pasar del llanto a la risa en dos segundos. Es recomendable enseñarle a expresar sus sentimientos con palabras.
El juego por excelencia es el juego simbólico. Les encanta disfrazarse, jugar a mamás y papás, a la casita, y en definitiva a imitar cualquier situación de la vida real. También les gustan los así como cantar y bailar o moverse con la música.
A los tres años el niño es capaz de:
Dibujar un círculo Ya no necesita pañal durante el día. Si todavía usa el orinal hay que ir iniciando paulatinamente el cambio la inodoro. Sabe ponerse y quitarse alguna prenda de ropa Hace un puzzle simple, arma torres de hasta 6 o 9 bloques Puede andar de puntillas o con los talones Realiza movimientos con soltura, espontaneidad y armonía. Acelera y aminora la marcha Hace la pinza correctamente. Sube escalera poniendo un pie en casa escalón Utiliza cubiertos y bebé en vaso o taza Salta con dos pies Hace trazos verticales Empieza a mostrar predominancia de un lado sobre el otro.
Lenguaje y sociabilidad
Puede comunicar sus ideas, hacer preguntas y expresar sus necesidades. Empiezan a cuestionarse muchas cosas (la famosa etapa del “por qué”) a las cuales debemos responderles en la medida que pregunten y con palabras que puedan comprender.
Le gusta jugar solo y con otros niños. Aprende a compartir con sus pares y debemos animarle a ello. Participan en actividades de grupo.
Si aún no lo hacía, empieza a introducir los artículos “el” y “la” en las frases. Aprenderá nuevas palabras que incorporará a su vocabulario. Es capaz de expresar con palabras lo que está viendo, pero también lo que no ve.
Puede mantener una conversación con un adulto y es importante que lo haga, pues le proporciona recursos, palabras, etiquetas, descripciones que luego el niño utilizará enriqueciendo su lenguaje y su pensamiento. Hay que animarle a que hable con otras personas, tanto niños como adultos.
Es capaz de comprender las emociones de los demás, por qué alguien se siente triste o alegre, así como la relación de acontecimientos causa-consecuencia.
Aprenderá a usar pronombres personales, proposiciones y adverbios con mayor exactitud y a dominar los tiempos verbales pasado y futuro.