sábado, 19 de septiembre de 2009

Maria Montessori



En los años 90, antes de la llegada del euro, Maria Montessori (1870-1952) figuró en las monedas italianas de 200 liras y en los billetes de 1000 liras, sustituyendo a Marco Polo. Da una idea de la trascendencia de este personaje en su país.


Maria Montessori rompió los moldes de la mujer de su época y también la imagen que se tenía de los niños, a los que en aquel entonces se veía pero rara vez se escuchaba. Además de ser la primera mujer que se graduó en medicina en la Universidad de Roma, en 1894, fundó el sistema de enseñanza que lleva su nombre, el Método Montessori, que está considerado como una educación para la vida. Influenciada por educadores como Froebel, Montessori creía que los niños podían aprender a hablar, escribir y leer de la misma forma que aprenden a gatear o caminar. Decía que los más pequeños tienen una "mente absorbente" y que era necesario que estuviesen libres para ser sus popios amos, tomar sus propias decisiones, y aprender por si mismos. Para ello, les proporcionaba un ambiente adecuado, estimulante, con materiales y actividades diseñadas para tal fin. Maria Montessori no estaba de acuerdo con las técnicas de enseñanza rígidas, con frecuencia crueles, que se usaban en Europa. Trataba con extremo respeto a sus alumnos. Su método se basaba en la capacidad del niño para aprender. No trataba de moldearle sino de darle libertad para adquirir conocimientos desde los primeros años de desarrollo.


«Yo estudio a mis niños, y ellos me muestran cómo debo enseñarles», decía. Montessori fue la primera que adaptó el mobiliario de clase al tamaño de los pequeños. Pensaba que el entorno era tan importante como la propia enseñanza, y por eso sus escuelas eran lugares en los que se respiraba paz, armonía y orden, y en los que los niños podían concentrarse en el aprendizaje. Asombró al mundo mostrando niños de cuatro o cinco años que aprendieron a leer y escribir de forma espontánea; que elegían trabajar a comer dulces; que adoraban el orden y el silencio; que podían estar concentrados en alguna actividad intelectual durante largo rato; que se mostraban cooperantes con sus compañeros, sin competitividad. En sus alumnos, la libertad no producía caos sino una disciplina colectiva. Las escuelas seguidoras del método Montessori se han multiplicado en todos los países. Aunque, lamentablemente, no se puede decir que todas ellas sean el vivo ejemplo de la fundadora. El experto en educación Herbert Kohl dijo al respecto en la revista Mothering:


«Hay muchas razones para enviar a un preescolar a una escuela Montessori. El currículum está bien elaborado y estimula a los niños a lo que podría llamarse un descubrimiento guiado. Puede proporcionar una base excelente para el aprendizaje complejo del futuro. Sin embargo, hay escuelas Montessori y escuelas Montessori. Algunas son rígidas y tristes mientras que otras, aunque utilicen los mismos sistemas y materiales, están llenas de vida y movimiento.


Estas últimas, con frecuencia van más allá del curriculum Montessori, hacia las artes, el teatro, la música y los deportes. Creo que este segundo tipo de escuelas Montessori es preferible porque estimula a los niños a desarrollar su imaginación y a aprender a través del juego creativo».









«Decidí darle a los niños una lección un poco humorística de cómo sonarse la nariz. Después de mostrarles distintas formas de utilizar el pañuelo, acabé indicándoles cómo se podía hacer de la manera menos inoportuna posible. Cogí el pañuelo de forma que ellos casi no pudieran verlo y me soné la nariz tan suavemente como pude. Los niños me miraban embelesados, pero no se reían. Yo me preguntaba por qué, pero no había terminado todavía mi explicación cuando empezaron todos a aplaudir como si fuese una ovación reprimida en un teatro. Cuando estaba a punto de irme, los niños empezaron a gritar: «¡Gracias, gracias por la lección!». —Maria Montessori
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1 comentario:

Mariola dijo...

CENTRO MONTESSORI LA CASA DE LOS NIÑOS (Gran Canaria - España)

Los niños son los auténticos protagonistas de un viaje apasionante como es “crecer”. Por ello se ha creado el Centro Montessori “La Casa de los Niños” en Arucas (Gran Canaria – España), para que sean ellos, y sólo ellos, los que marquen el ritmo de su desarrollo y crecimiento.

En un espacio amplio, con materiales especialmente diseñados para los niños en las distintas facetas a desarrollar (vida práctica, matemáticas, lengua, sensorial, etc.), con mobiliario y enseres adaptados a su medida, niños de un año y medio a seis años pueden convivir conjuntamente, compartiendo sus experiencias y sus ganas de aprender y divertirse.